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20 frases de tu madre que nunca olvidarás

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Parece que, cuando una o uno se hacen padres un ser misterioso y secreto, cuyo nombre no conoce nadie, les entrega un manual con las actitudes, frases y gestos que todo progenitor debe llevar, decir y poner a lo largo de su vida como tal. Las madres, en especial, tienen un gen, un chip o algo, que se despierta cuando se convierten en madres y ya nunca jamás deja de funcionar. Dentro de algunas variaciones, hay 20 frases de tu madre que nunca olvidarás. Por cierto, ¿qué diría una madre antes este sorteo?

 

 

20 frases de tu madre que nunca olvidarás

 

NI COCHE NI COCHA

Tu madre sí que sabía cómo hacer del español una lengua menos machista, porque le cambiada el género a todos los objetos y cosas que tú deseabas tener, pero que ella consideraba una estupidez o locura. De las mismas que crearon el ‘ni coche ni cocha’ llegaron también expresiones tan reconocidas como ‘ni moto, ni mota’ o ‘ni fiesta ni fiesto’.

 

¿TE CREES QUE SOY EL BANCO DE ESPAÑA?

Un clásico. Tú pedías chuches, una hora después gritabas por un juguete nuevo, luego querías un helado, luego unas pegatinas que había en la papelería. Pero cuando era realmente útil era cuando estábamos en plena adolescencia. Cinco euros por aquí, otros diez por allá y el monedero de tu madre hacía aguas.

 

COMO VAYA YO Y LO ENCUENTRE…

Y lo encontraba. Y uno se quedaba con cara de idiota preguntándose si su querida mamá era una bruja que hacía aparecer y desaparecer cosas. Ella siempre afirmaba que había estado ahí todo el rato, pero nosotros podríamos jurar que cuando mirábamos no era así.

 

MIENTRAS VIVAS BAJO MI TECHO…

Cuando sus labios pronunciaban esa frase sabías que habías perdido la guerra. No habría más batallas, al menos por el momento, en las que enfrentarte y salir victorioso. Con esa frase te recordaba que la que mandaba, por encima de todas las cosas, era mamá. Un ser sobrenatural y todo poderoso que sabía hasta lo que se te pasaba por la mente.

 

Y SI TU AMIGO SE TIRA POR UN PUENTE, ¿TÚ TAMBIÉN LO HARÁS?

A muchos se nos quedaba la cara pasmada ante esa pregunta. ¿Qué tendrán que ver churros con merinas? (Otra frase de madre). Esta era la respuesta final al diálogo típico:

  • Mamá, quiero hacerme un tatuaje. He pensado en el diseño…
  • No.
  • Pero mamá, ya soy mayor y no puedes…
  • No.
  • Mamá, todo el mundo lleva un tatuaje, Pedro tiene dos en la pierna…
  • ¿Y si tu amigo se tira por un puente, ¿tú también lo harás?

Y ante tu careto de perplejidad retumbaba en tus oídos una última palabra: NO.

 


 

YA TIENES DOS COSAS PARA HACER: ENFADARTE Y DESENFADARTE

¿WTF? La cara de póker que se te quedaba cuando tu madre te soltaba esa frase no tenía precio. Lo peor era que le daba exactamente igual que te hubiera molestado por lo que fuera. Eso te dejaba desubicado y te empezabas a darte cuenta de que ya no era su niñito, era un adolescente rebelde con el que tenía que luchar cada día. Bueno, quizá nos demos cuenta de eso ahora, en ese momento te rechinaban los dientes y gritabas ‘¡pues me voy de casa!’. (Claro que sí, guapi).

 

¿TE CREES QUE ESTO ES UNA FONDA?

Aunque también se oían expresiones como ‘¿Te crees que vives en un hotel?’ Esta manida frase se repetía cada vez que te daba por disfrutar de la vida callejera sin medida y sin colaborar con las tareas domésticas. Te ibas temprano, llegabas a las tantas, a veces ni aparecías para comer… No chati, no es un hotel.

 

TE CREES QUE ME HE CAÍDO DE UN GUINDO

Valga decir que también había madres que utilizaban su creatividad para mejorar esta frase: ‘¿Tú te crees que me he caído de un pino?’ o ‘¿Te crees que nacía ayer’? La imagen vuelve de nuestra memoria para hacernos reír, ahora. Antes no hacía sentir estúpidos. Uno intentaba colársela al sargento mamá y cuando creía que lo tenía todo bajo control tu madre, o se echaba a reír o fruncía el ceño y soltaba la frasecita. Lo peor es que lo intentarías mil veces más, depurando tus técnicas argumentativas y, con suerte, alguna vez ganarías. Pero en el fondo, tanto tú como ella sabríais la verdad. Tú no ganas, ella te deja ganar.

 

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¿QUÉ HAY DE COMER? COMIDA

Lo más cachondo de todo es que se partía de risa ante su propio ingenio. Mamá, no nos engañas, viene en el manual de madres, la frase no es tuya. Lo ingenioso, (y valiente) era responder: ‘Gracias mamá, menos mal que no hay tierra.)

 

TE VOY A PONER EL CULO COMO UN TOMATE

Las alarmas se encendían y el pequeño que éramos sabía que no iba por buen camino. Estaba a un paso de que sus nalgas se convirtieran en luces de Navidad.

 

ESO NEGRO DEL PLÁTANO ES QUE ESTÁ MADURO Y ESTÁ MUY BUENO

¿Cómo? ¿Qué está maduro o muerto? Con lo bonito que había llegado de la frutería y ahora incluso soltaba liquidillo. Pues te lo comías, ¡porque estaba ‘buenísimo’! Vale… es verdad que lo estaba. Punto para el equipo de las madres.

 

¿TE CREES QUE EL DINERO CAE DE LOS ÁRBOLES?

Esta frase estaba muy unida a la del Banco de España. Cuando mamá lo decía te imaginabas la situación. ‘Bueno mamá, los billetes son papel y el papel sale de los…’ Esquivas una zapatilla. Pero no la siguiente.

 

CUALQUIER DÍA COJO LA PUERTA Y ME VOY, A VER QUE HACÉIS

Está claro, morir devorados por perros, quizá por el nuestro propio. Pero no se lo decimos, nos hacemos los dignos.

 

ES LA PRIMERA VEZ QUE ME SIENTO EN TODO EL DÍA

Después de decirlo, soltaba un sonoro suspiro. ¿Ni para comer te has sentado? ¡Zapatillas volando!

 

 

NO TE TRAGUES EL CHICLE, QUE SE PEGA EN EL ESTÓMAGO

Hubo niños que sintieron pánico de comer incluso lentejas, vaya que les salieran plantas en el estómago. Una de esas leyendas urbanas que las madres hacían suyas propias y que nos hacía dudar de si aceptar los chicles que nos ofrecían nuestros amigos. Si te decidías a mascarlo y te lo tragabas, te machacabas con un ‘¿por qué? ¿Por qué? ¿POR QUÉ ME LO COMÍ?

 

TE VOY A DAR MOTIVOS PARA QUE LLORES DE VERDAD

Y el lagrimeo se iba apaciguando. Nunca sabremos si los motivos eran un culo como un tomate, una zapatilla en pleno vuelo dirección a nosotros o las consecuencias del cambio climático. No se conoce niño que se haya aventurado más allá de esa frase.

 

ME CAGO EN TU PADRE AHORA QUE NO ME OYE

Y si la oyera, tal y como estaba en ese momento, no creemos que hubiera tenido valor para quejarse por ese mojón que mamá le había puesto encima. Cuando mamá decía eso es que la habías liado. Parda no, pardísima.

 

LOS NIÑOS SE MUEREN DE HAMBRE Y TÚ DESPERDICIANDO LA COMIDA

Cuando eres un crío no eres nada consciente de lo que ocurre más allá de tu alrededor más próximo. Así que a lo mejor hasta nos atrevíamos a hacer aluna gracia en contestación a esa frase de madre. Cabe decir que, de soltarnos un cachete en respuesta, habría sido más que merecido.

 

CUANDO TÚ VAS, YO YA HE IDO Y HE VUELTO SIETE VECES

El thug life que ahora riega las redes nació con esta frase. Y lo cierto es que molaba, tenía un rollo de la calle muy chungo. De hecho, algunos de tus amigos la hicieron suya y cuando la soltaban las exhalaciones de admiración y aprobación no cabían en el ambiente.

 

TE VAS A ENTERAR DE LO QUE VALE UN PEINE

A ver, ni que un peine costara mucho. Mamá lo decía con esos ojos de venganza. En sus pupilas ardían los fuegos del mismísimo infierno. Y sí, te ibas a enterar. Pero, insistiendo en eso del peine, ¿de dónde sale esa expresión? ‘Del manual de madres’ Zapatillazo. Pues es que se llamaba peine a un instrumento de tortura que se utilizaba en la Edad Media… Y mejor no seguimos hablando de lo desagradable y terriblemente doloroso que era pasar por eso.

 

 

¿Creéis que falta alguna de las míticas frases que nunca olvidarás? ¡Cuéntanos!

 



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