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Beilstein, la bella durmiente de Mosela

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Beilstein

La bella durmiente de Mosela, así es como se conoce a Beilstein, sin duda alguna el pueblo más bonito situado a orillas del Mosela, que le ha valido el nombre de bella durmiente de Mosela.

Beilstein es un pueblo que parece haberse congelado en el tiempo, un tiempo pasado en el que la ciudad vivió un gran esplendor. El pueblo nación aproximadamente hacía el siglo IX y las construcciones que se realizaron en aquel entonces, todavía hoy siguen en pie. De ahí el gran encanto de Beilstein, que cada año recibe alrededor de tres millons de visitas de turistas que quieren conocer a fondo uno de los pueblos que mejor refleja lo que fue la edad media.

Los muchos cruceros fluviales que navegan por las aguas del río Rin y por el Mosela, hacen una parada obligatoria en Beilstein, y es que el pueblo bien lo merece. De ahí que esta pequeña región sea tan conocida.

Un pueblo que desde sus orígenes ha tenido fuertes cambios. En el siglo XVII estuvo bajo dominio francés, pero pese a que ciudades y pueblos muy cercanos fueron completamente arrasados por la guerra de los Nueve Años que se vivió allí, Beilstein pudo mantener intacta todas sus construcciones. Después de una breve invasión francesa la región volvió al poder alemán, pero no por mucho tiempo, y es que a finales del siglo XVIII las tropas de Napoleón volvieron a penetrar en la ciudad, esta vez para quedarse durante más de veinte años.

Precisamente desde la salida de las tropas napoleónicas y la vuelta al dominio alemán, es cuando se produce el bautizo de Bella Durmiente, y es que mientras otras poblaciones cercanas progresaban y evolucionaban en el tiempo, Beilstein parecía haber quedado dormida durante más de un siglo. La pobreza del pueblo y sus habitantes impidió que se renovará su imagen, y lo que antaño parecía un problema en la actualidad supone una gran ventaja, el ser probablemente uno de los pueblos más bonitos de Europa.

¿Qué ver en Beilstein?

Beilstein es un pueblo pequeño que apenas demorará unas pocas horas en visitarlo. El pequeño pueblo apenas cuenta con unos 160 habitantes, la mayoría de ellos dedicados plenamente al turismo. Por eso, no es de extrañar que pese a sus dimensiones el pueblo cuenta con tantos cafés, tabernas, restaurantes y hostales.

En Beilstein se puede admirar por ejemplo la antigua muralla e imaginarse como protegía la ciudad en tiempos de guerra. También destacar la plaza del mercado, la más transitada del pueblo, justo al ayuntamiento, una construcción que data del 1322.

Con una o dos horas como máximo de visita, lo mejor de todo el pueblo es sin duda recorrer sus calles y teletransportarse por momentos a un siglo pasado, una época esplendorosa y muy diferente a la actual.

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Fuente: Sobre Alemania



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