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Por qué irte es lo mejor que te puede pasar

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Por qué irte es lo mejor que te puede pasar
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Estamos acostumbrados a un estilo de vida programado: Estudiar, trabajar, pagar facturas, ir al cine los fines de semana, viajar en verano cuando nos dan las vacaciones y volver a empezar. Siempre en una pequeña zona de confort de la que nunca, por muy lejos que vayamos, terminamos de salir. Y muchos podrán decir ¿Por qué irte es lo mejor que te puede pasar?

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Por qué irte es lo mejor que te puede pasar (3)

10 razones para irte

1. Las cosas no están bien en España, así que tienes la excusa perfecta.

2. te vas a espavilar porque no te queda otra, y por muy maduro que te creas, irte te aporta un tipo de experiencia especial, que quedarte nunca te dará.

3. aprenderás idiomas, culturas y te volverás más tolerante y culto.

4. Aprenderás a cocinar más allá de pasta con carne.

5. Hay que salir de nuestra zona de confort si no queremos estar amargados cuando tengamos 40 años.

6. Hay que probar otras cosas, quién sabe si nos van a gustar más.

7. Si no lo haces, siempre te quedará el y si…

8. Irte supone conocer, aprender, vivir y sobrevivir.

9. porqué si no lo hacemos ahora, ¿cuando?. Siempre vas a tener que dejar algo atrás para aventurarte, pero lo que viene puede ser mejor.

10. Porque hay que encontrarse a uno mismo en otros contextos para saber que eres quien realmente eres, hay que retarse a uno mismo, ver hasta donde puedes llegar y qué cosas te hacen feliz. 

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La experiencia cercana

Recientemente, una amiga decidió dejarlo todo y largarse un mes entero a recorrer la India. La locura estalló entre los más cercanos. ¿Te vas sola? ¿Y si te pierdes? ¿Y si te ocurre algo? Pero ella lo tenía decidido, quería perderse, para después encontrarse. ¡Sí, ya sé que todos conocemos a alguien que hizo algo así y fue una experiencia casi religiosa! (Como diría Enrique Iglesias) Si todos los que han cometido este tipo de ‘locuras’ vuelven tan fuertes y felices, ¿no será que es lo mejor que podemos hacer al menos una vez en la vida? Desde luego mi amiga, Gema, regresó así. Recorrió medio país sin nada en los bolsillos y mucha emoción, durmiendo en albergues, conociendo gente de aquí, de allá y de más allá e, incluso, dedicó un par de días de su viaje a colaborar en la Fundación de Vicente Ferrer.

Puso un pie en España y se dijo, necesito más. Y acto seguido preparó una nueva experiencia que vivir. De hecho, actualmente está moviéndose por Canadá. ¿Y de qué vive? Pues se dedica a trabajar por allí en lo que va encontrado, perfeccionando su inglés para el futuro y encontrando nuevas personas con las que compartir la riqueza cultural de España y recibir la de Canadá.

Me consta que se quedará allí varios meses más (ya lleva dos) y que después pretende repetir en Sudamérica. Gema se está llenando de un montón de historias, experiencias, sueños, ideas y gente que la convierten, cada vez que viene, en el centro de atención de todas las reuniones. Todos quieren saber qué hace y cómo lo hace… Pero lo que de verdad quieren saber es de dónde sacó el valor para hacerlo.

Por qué irte es lo mejor que te puede pasar (2)

La experiencia propia

Mi valor lo encontré al hacer el último examen de la carrera. Pensé, ¿qué hago ahora? Y las respuestas que llegaban eran: Busca trabajo, independízate, paga facturas, ve a trabajar, al cine los domingos y ve de vacaciones en verano. No. Aún no estaba preparada para eso. Estuve investigando durante varios meses, entretanto, trabaja en un supermercado, ahorrando todo lo que podía para lo que iba a ser mi mayor experiencia. Encontré algunas ONGs que realizaban sus actividades por Sudamérica en las que necesitaban ayuda. Hablé con ellos, compré mis billetes, me despedí de amigos y familia y puse rumbo a Nicaragua. Al llegar allí, los primero días fueron intensos. Las presentaciones y la toma de conciencia del lugar en el que estaba y para qué estaba me abrumaron tanto que apenas tuve tiempo de pensar en otra cosa. Pero después, ah… Después vinieron los días increíbles. Conocí gente, me enamoré, hice amigos, me perdí, me encontré, comí platos impresionantes, me desenamoré, descubrí lugares increíbles y volqué todo mi corazón en cada paso que daba hacia cualquier sitio. (Todo esto en dos meses y medio)

El último día, horas antes de subir al avión de regreso al hogar, tenía una triple sensación. Por un lado, quería quedarme allí para siempre, por otro, quería meterme en mi cama y ver a mi gente, ¡pero también quería coger un avión en dirección contraria! Quería irme a  otros lugares y conocer más.

Finalmente, volví a casa. ¿Por cuánto tiempo? Quizá menos de lo que yo misma me imagino. (Gema ya está implorando que recorramos juntas Sudamérica) Y la verdad que irme fue lo mejor que me pasó en la vida.

Por qué irte es lo mejor que te puede pasar (1)

A veces, sin embargo, la vida y sus circunstancias no te permiten llevar a cabo estas aventuras. Pues mira, también te digo que no hace falta irse a Kenia para perderse, que también puedes darte ‘un salto’ a Marruecos, un paseo a Portugal o una zanca a la bella Italia. Apurar el tiempo del que dispongas en descubrir lo que otros no se parar a ver, encontrar ese valor del que hablábamos antes y sentirte parte de todo.

Y recuerda… ‘La gente viaja porque aprenden cosas que no podrían aprender de otra forma’

 



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